lunes, 1 de noviembre de 2010

Una cierta magia

                                                  En homenaje a los cien años de mi barrio

Mirá, hagamos una cosa, mientras caminamos y nos vamos acercando, te voy dando algunos detalles, a ver si acertás. ¿Te parece bien?

Si hablamos de colectivos, el 161 atraviesa el barrio de este a oeste y viceversa, de una punta a la otra, por decirlo así. Entre Mitre y Constituyentes, cada vehículo luce a la derecha del conductor un cartelito rojo que exhibe justamente la palabra que vos tenés que decir, si querés ganar este pequeño juego. Además, para seguir en el rubro del transporte público, las líneas 67 y 110 tienen sus respectivas paradas ubicadas adentro, en el corazón de la barriada. Son datos que a lo mejor te pueden ayudar a adivinar.

La calle principal o al menos la que tiene más movimiento comercial, se llama Laprida. Para mí que se llama así por el tipo ése del Congreso de Tucumán, de cuando se declaró la Independencia, y me parece que algo de eso hay también dando vueltas en las esquinas, ¿sabés?, porque por ejemplo existe por ahí metido también un pasaje llamado Paso de la Patria.

Algunas otras calles tienen nombres de países. A lo mejor esto es así para que nosotros, los que vivimos ahí, cada tanto, caminando y silbando quizá un tango o un rock, pensemos en la posibilidad de otros lugares, pero como al parecer somos medio querendones, no nos vamos nada, nos quedamos acá y andá a cantarle a Gardel o sino, para adelantarnos un poco en el tiempo, vamos a brillar, mi amor.

Ah, me parece que medio te desorienté, o quizá te desorientaste sin querer. Desorientar tal vez quiera decir algo así como perder el horizonte. Por suerte no es nuestro caso, digo, el caso de los que vivimos y respiramos el aire de este barrio que vos tenés que decirme cómo se llama.

Claro que hay lugares quizá más lindos y pintorescos, o más bacanes. Eso no te lo voy a discutir, aunque este dato no te ayudará a descubrirlo. No es lo realmente importante, ¿entendés?

A ver, pará un cacho, dejame pensar cómo te explico lo esencial.

Escuchame con atención.

Hay una especie de misterio que roza las paredes y rebota en las ochavas e impregna la atmósfera para darle su toque diferente. Che, pará, no pongas esa cara, no es para asustarse, al contrario. Cuando digo misterio, quiero decir que aunque no lo veamos ronda en las calles del barrio un espíritu que nos trasciende, una manera de ser que se evidencia hasta en los gestos y en las palabras y en los silencios. Hay una cierta magia que flota en el ambiente, cruza las bocacalles y se mete en los interiores y una parte creo que se posa también en las azoteas. Uh, por tu cara me parece advertir que estás pensando que te compliqué la adivinanza, pero ya vas a ver que no, no es para nada difícil, es más bien sencillo. Solamente hace falta andar un rato por ahí y dejarse encantar. Luego podés suspirar y pararte, por ejemplo, en Perú y Adolfo Alsina. En alguna de las veredas, claro, que si no. Después de un rato, que no tiene por qué ser demasiado largo, elegís la cercanía de un umbral o de la sombra de un árbol. Ahí podés hacer la prueba de cerrar los ojos y dejarte recorrer por los fantasmas del pasado, que enseguida o más o menos enseguida vendrán y comenzarán a saludarte con el afecto de siempre. Y a alguno de estos amigos tal vez se le dé por comentarte acerca de los cien años de historia barrial, y cien años de esta mística de la amistad no es joda, cualquiera que haya nacido acá o haya adoptado el barrio en algún momento, te lo puede decir.

Mirá, mejor hagamos lo siguiente, si estás de acuerdo. Vos vení conmigo, ya vas a ver lo que es sentirse bien, saberse uno más y a la vez dueño de un tesoro incalculable. Estamos cerca.

A esa plaza que ahora estás mirando, lo traía a mi pibe a jugar y cada vez que paso me acuerdo. Él ya es grande y también se acuerda y así funciona el asunto. Una especie de murmullo en los pliegues de la memoria.

¿Ves ahí enfrente ese monolito que hace referencia a la marcha por la Reconquista? Eso quiere decir que ya casi llegamos. Cuando el semáforo nos habilite, cruzamos la avenida y listo.

Vení, entrá nomás, al final el nombre no importa demasiado. Lo que en verdad vale es la gente y sus sueños. ¿No te parece?

Ahora pongo la pava en el fuego y tomamos unos mates en el patio.

Estás en tu casa.

Texto publicado en el libro VILLA MARTELLI…una gran historia, Ediciones AQL