Creo que a veces una piedra, una piedrita cualquiera, puede encerrar un secreto terrible, cuya revelación se producirá tan sólo en caso de patearla sin darnos cuenta y si uno sigue caminando como si nada hubiera pasado. Por eso ando así por las calles, sin mirar para abajo, con la sensación de haber perdido, quizás en la esquina recién cruzada, la última oportunidad de descubrir y conocer la verdad que me estaba destinada y que quedó atrapada allí, en el interior de una piedrita cualquiera.